martes, 21 de julio de 2009

Testimonio de Jéssica

Hola. Me llamo Jéssica y quiero compartir mi historia contigo. La pérdida de un hijo, es el acontecimiento más doloroso que puede atravesar un ser humano.
Aun puedo recordar, y sé que esto será de por vida, con cuanta alegría nos abrazamos en el momento que nos otorgaron el visado. Llegué un 24 de Mayo del 2008 , y a los cinco días de nuestra llegada, lo perdí.
Por ley de vida sabemos que son los hijos los que entierran a los padres, y no los padres los que entierran a su hijo. Sabemos que se enferma lo orgánico, pero de la misma forma también se puede enfermar la mente. ¿Cómo puede comprender una madre que su hijo se canso de vivir ?... Y con mayor perplejidad cuando siempre hemos depositado nuestra FE Y CONFIANZA en un DIOS MISERICORDIOSO.
Una de las cosas más frustrantes de una madre que ha perdido a su hijo es que nuestro DIOS mantenga silencio. Cuando hemos acabado de derramar nuestro corazón al Señor entre lágrimas y oraciones... nos gustaría tener una breve respuesta…Cualquier cosa que ÉL nos dijera sería buena…Pero tengo la confianza de que DIOS puede permanecer callado pero no inmóvil. Sé que DIOS ante la adversidad que nos ha tocado vivir tiene un propósito, que humanamente no lo entendemos.
En mi afán de encontrar consuelo acudí a muchos grupos de ayuda de similares circunstancias a la mía, pero estos grupos se habían revelado en su dolor, a la existencia de un DIOS. Nunca olvidaré que un día en aquellas reuniones pensé: “ El Dios que ustedes niegan me dará consolación”. Hasta que por fin, más adelante, mis oraciones fueron respondidas y pude llegar a este ministerio de ayuda donde nos reunimos con otras madres para compartir y reconfortarnos.
Sé que Dios se llevó a nuestros hijos para librarlos de este valle de lágrimas, de incertidumbre y de pecado. De la misma manera, cuando nada hacía presagiar su enfermedad a los 16 años de edad, mi hijo tuvo un encuentro personal con nuestro Señor.

Después de compartir esta historia, les invito a participar en las reuniones de nuestro grupo Flores de edelweiss; donde serán comprendidas y escuchadas con todo el amor que sólo los que hemos pasado por estos momentos podemos dar gracias al Amor de Dios en nosotros.
Bendiciones

Jéssica Botta

Consejos del Psicólogo Joaquim Gràcia

Estoy convencido de que nadie puede llegar a entender el dolor de aquellos padres que han perdido a un hijo, sin pasar por la misma experiencia.
La vida de estos padres se paraliza, jamás será la misma porque falta una pieza fundamental que les hacía mirar hacia el futuro.
En la pérdida sólo se es capaz de mirar al pasado. Se recuerda todo lo ocurrido hasta el día de tan dolorosa separación.
Los padres incluso tiñen este pasado con la duda, pensando si lo que hicieron por el hijo fue lo correcto.
Todo esto es lícito, incluso aconsejable y necesario al iniciar el periodo de duelo que afrontarán de inmediato para después poder serenar el ánimo, pero debe seguir porque hay otras personas que necesitan a estos padres en activo.

1º Cada uno de los cónyuges debe hacer el esfuerzo de ayudar al otro.

2º Si hay más hijos es necesario esmerarse para darles lo mejor de uno mismo.

3º El resto de los familiares y amigos necesitan la vitalidad de estos padres.

Olvidar al hijo perdido nunca será posible ni aconsejable; hay que mantener siempre el recuerdo, pero este recordar no debe ser el centro de sus vidas.

No es bueno para nadie no querer cerrar el periodo de duelo en un plazo prudencial. Este periodo de duelo debe servir para cerrar la herida que de lo contrario puede destruir otra vida.
Lo aconsejable es: cierren sus heridas aunque no eliminen las cicatrices.
Lo que mejor dignifica el recuerdo del hijo es ser capaces, es poder comprender a otros padres que sufren la misma mala experiencia.
Hay que desarrollar actitudes empáticas y os puedo asegurar que ser útiles a los demás os traerá satisfacción y afecto, y la seguridad de que vuestras vidas deben seguir con la máxima intensidad posible.
Joaquim Gracia Ibaz
Psicólogo

Testimonio de Mercedes

Cuando nos casamos, todo nos iba bien. Éramos muy felices, nos queríamos y no teníamos ninguna preocupación. No nos imaginábamos lo que nos esperaba.

Nació Esdras, nuestro hijo, a mitad de agosto y nos dejó a mitad de octubre. Son los dos meses que más recuerdos nos traen.

Cuando murió, a penas podíamos recordar algo de él que no nos produjera un dolor insufrible. Con el paso del tiempo, recordamos esos momentos con dulzura y agradeciendo a Dios esos dos meses que nos concedió a nuestro hijo.

Cuando murió la impresión que nos produjo era como si estuviéramos andando felices por un camino de rosas y de pronto nos dieran un bofetón en pleno rostro. Te quedas desconcertado, triste, dolorido,…; con un montón de besos por dar, con un montón de abrazos por estrechar y las manos llenas de caricias. Sólo te queda añoranza.

Aún recordamos frases de consuelo dichas con la mayor buena intención, pero que nos hacían más daño que bien.
Solo una frase nos sirvió de consuelo. Alguien dijo:"la vida pasa rápida, pronto le veréis."

Ahora ya tenemos 55 años, y Dios nos ha dado tres hijas maravillosas que nos han hecho abuelos de tres nietas que son de mucha bendición para nosotros. Pero aún recordamos esa frase “Pronto le veremos.”

Al recordar a Esdras, nos viene a la mente un versículo del libro de Apocalipsis que de alguna manera hemos hecho nuestro:

"DIOS ESTÁ CON ELLOS COMO SU DIOS.

ENJUGARÁ DIOS TODA LÁGRIMA DE LOS OJOS, Y YA NO HABRA MUERTE, NI MÁS LLANTO, NI CLAMOR, NI DOLOR, TODAS LAS COSAS PRIMERAS PASARON ".
(Apocalipsis 21-4)

Testimonio de Patricia

¡Hola! Me llamo Patricia, tengo cincuenta y tantos años,.. ¡y ya no cumplo más! Celebraré solo los que aparente tener...

Doy muchas gracias a Dios por devolverme poco a poco la ilusión por la vida; y por los motivos por los cuales debo seguir viéndome con esperanza de poder hacer cosas nuevas y útiles que me ayudan un poco a resistir el durísimo golpe de perder un hijo.

Mi testimonio es el siguiente. Hace 21 años murió con un mes mi tercer hijo Caleb. De aspecto normal y guapísimo como sus dos hermanos Loida y Samuel de nueve y siete años de edad; aunque con malformaciones internas. Lo pasé realmente mal. Recién parida y con mi precioso bebé de ojos verdes; en cuidados intensivos, sin poder abrazarle ni amamantarlo.

Fueron pasando los años, y trascurridos siete años, me detectaron cáncer de mama. Fui operada y expuesta a quimioterapia, radioterapia… Hace cuatro años, mi marido comenzó un calvario de hemorragias nasales desmayos e ingresos hospitalarios. El diagnóstico fue cáncer naso faríngeo…¡¡ No te aburras y sigue leyendo!! En pleno fragor de la asimilación de su diagnostico nos "dan la noticia" de que, nuestro querido hijo Samuel de 26 años, había muerto repentinamente cuando estaba esquiando ¿Puedes imaginarte la escena? Mi marido tirado en el suelo, sin poder ni querer levantarse, gritando desesperado y sin consuelo posible…¡y con riesgo de hemorragia!
Yo no podía abandonarme al lloro y duelo del hijo de mis entrañas,… del cascabel y la alegría de mi casa,…No podía hacerlo debido a que su hermana y su padre estaban como locos. No se podía asimilar tanta desdicha a la vez...
Mi marido se refugió en su familia; acusándome de todas sus desgracias, haciéndome el vacío, dándome la espalda, ignorando mi dolor. Incluso llegó a acusarme de la muerte de nuestro hijo y de su misma enfermedad. La salud de mi marido fue empeorando hasta fallecer hace un año. No es muy ético señalar esto de mi marido ahora,…le pido disculpas…; pero así podréis entender la tortura psicológica y dolor a cinco bandas que tuve que sufrir. No le guardo rencor, le perdono e incluso le añoro.

Actualmente reconozco que si no fuera por el consuelo y por el gran amor de Dios que siento dentro de mi corazón…¡estaría en un frenopático o como un zombi cargada de medicamentos!
Gracias a Jesucristo que me marcó el camino del amor y de perdón. Esto me ha servido como cura paliativa: ahora puedo ensanchar mi horizonte, ver quién sufre a mi alrededor, y tenderle la mano
Yo me he refugiado en mi Papá-Dios. Él me habla al corazón tiernamente y me dice: “No has perdido a tu hijo. Está conmigo. Él ya acabó su obra. Ten paz y sigue haciendo tú la tuya.”

Con cariño, Patricia

Paz en la tormenta

…paz en medio de la tormenta

Si piensas que tu vida ya no tiene sentido, si has perdido la ilusión por todo, si te sientes frágil y sin fuerzas,…déjanos decirte que ante esta fragilidad y dolor podemos ser revestidos de consuelo, amor y fortaleza; y poder sentir paz en medio de la tormenta. Sí, esto puede ser posible. Podemos ser como esa Flor de nieve (Edelweiss), que aparenta fragilidad pero que en realidad es un símbolo de valor y fortaleza. El secreto de edelweiss está en que no es una flor, sino muchas florecitas pequeñas tan estrechamente unidas que parecen una sola. Esa unión las hace más fuertes ante los fenómenos climatológicos adversos. Además, esas flores están revestidas con una capa especial que las protege de las heladas y de las altas temperaturas a las que están expuestas. Nosotros nos podemos sentir como esas flores: unidos por una misma experiencia; unidos para darnos aliento y fortaleza, para no sentirnos solos con nuestro dolor; confiados en que hay Alguien que nos cubre con su amor y nos ayuda a resistir las tempestades de nuestra alma. De forma similar a la protección especial que cubre la flor, nosotros también somos protegidos, y a su vez consolados por un manto muy especial: el Amor de nuestro Señor Jesús.

Testimonio de Esther

El 4 de Noviembre del 2004 perdí a mi hija Raquel. Tenía 18 años. Creo que desde entonces yo también ando algo perdida, acompañada de esa fuente de malestar profundo llamada “duelo”; por el dolor, la culpa, y la impotencia que siento debido a que ella ya no está a mi lado. Ya no la puedo besar, ni abrazar como antes solía hacer. Estaréis de acuerdo conmigo que esto sólo lo puede entender aquel que pasa por ello. Es por esta razón que tan a menudo, y a veces con tanta gente alrededor, nos sentimos enfermizamente solas y no aceptamos las palabras de nadie. A pesar de mi tristeza y rabia, y de las pocas ganas que me han quedado de vivir; he de decir que mi fe en Dios ha sido mi consuelo y salvación en estos momentos tan duros de mi vida. Hace muchos años que soy cristiana. Creo en y a Cristo, y lo que dice Su Palabra, la Biblia. Sé que sólo Él puede darme la esperanza que necesito para poder seguir adelante día tras día. Pero no una esperanza cualquiera; sino una esperanza viva y real, una esperanza que nace de estas palabra: “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".(Juan 3: 16).

Sé que algún día volveré a verla, y volveré a estar con ella. Mientras tanto sé que he de seguir descansando y confiando en Él, y en todas Sus promesas, si quiero permanecer íntegra en mi camino.

A todas las madres que habéis perdido un hijo o una hija quiero deciros que cada día os tengo en mis oraciones, y recordaros que junto a Él… ¡Sí que PODEMOS!

Que Dios os bendiga
Esther

EN MEMORIA DE REBECA

Soy nacida en Madrid, y estoy casada con Manuel Álvarez, pastor de la iglesia Casa de Dios, Asambleas de Dios de Madrid. Dios ha bendecido nuestro matrimonio con tres hermosos hijos, el mayor, un varón, Samuel; los otros, dos preciosas mujercitas la mayor Rebeca y la menor Dámaris.

Hasta aquí todo es de lo más normal en toda familia, pero quiero compartir algo que ocurrió en nuestro hogar y que fue una experiencia dolorosa para nuestra familia.

El día 11 de Enero de 1996 partió a la presencia del Señor nuestra amada hija Rebeca, acababa de cumplir 16 años.
Después de una terrible y larga enfermedad, esta frase que siempre he oído a través de las noticias, sobre un personaje, me parecía, eso, una frase, sin sentido para mi vida, pero ahora comprendo la frase "terrible y larga enfermedad".

Rebeca comenzó con unos dolores en su pierna derecha en el mes de Noviembre de 1994. Acababa de cumplir 14 años, y los médicos achacaban su dolor a que era una niña muy alta para su edad. Estando en la gimnasia del instituto, la dio un tirón muy fuerte, fue llevada a la clínica concertada con el instituto, pero los médicos tenían mucha prisa y sin hacerle una radiografía diagnosticaron un problema de ligamentos.

Con este tema estuvimos rodando de médico en médico, los dolores eran cada vez más fuertes, la niña adelgazó 13 kilos, y por las noches no podía dormir. En el mes de Diciembre del mismo año, la llevamos a un traumatólogo que la hizo una radiografía, (en la cual supimos después que ya se veía perfectamente el tumor) nos dijeron que no era nada, que podía ser del ligamento interno.

En el mes de Marzo del 1.994 la niña arrastraba literalmente la pierna. Entonces se lo consultamos a un médico que es hermano en la fe, Dr. Pedro Tarquis, el cual se tomó mucho interés y como el trabaja en el Hospital Clínico, pidió a un doctor traumatólogo que trabaja allí que la viera.

Cuando fuimos a consulta, el doctor se sintió muy afectado al ver a la niña con tanto dolor, y comentó, "mira voy a hacerte una resonancia magnética, ya que puede ser una rotura de menisco y entonces hay que operarte".

El día 5 de Abril le hicieron la resonancia, y tanto mi esposo como yo, empezamos a ver pasar a los médicos corriendo de un lado para el otro, Rebeca lloraba, quería que estuviese a su lado, la dolía muchísimo.

La sacaron en una silla de ruedas, Pedro salía con ella, bromeando. Nos dijeron que la iban a llevar a hacer una radiografía, la niña no sospechaba nada. Pero cuando la metieron en la sala de rayos, Pedro nos abrazó a mi esposo y a mí y nos dio el fatal pronostico. "Rebeca está muy enferma, tiene un cáncer de huesos y es posible que sólo viva dos meses".

Puedo decir que creíamos que no hablaba de nuestra hija, ¿Rebeca? ella tan saludable, que jamás tuve que darle ni una vitamina, una niña tan fuerte, no puede ser. Además tanto mi esposo como yo siempre hemos testificado que Dios cuidaba de una forma especial a nuestros hijos, no podía ser. Y le pregunté a Pedro, "¿Y cuando la operan de la rotura del menisco? " Pedro me miró y me dijo," Tere no es una simple rotura de menisco, hay algo más".

Desde ese día fue un vivir en el hospital, le hicieron una biopsia para ver el grado de tumor; el peor; por haber pasado tanto tiempo, tenía metástasis pulmonar, si bien era muy pequeña, y con el primer ciclo de quimioterapia le desapareció.

Le dieron 9 ciclos de quimioterapia muy agresiva. Qué terrible fue cuando se le cayó el pelo. ¡Pobrecita! decía "¿Cómo puedo estar sin pelo?” La resultaba muy horrible, pero aceptó su situación la compramos una peluca, y como era una niña tan bonita no se le notaba mucho.

Rebeca era de carácter fuerte, alegre, era decidida, y bastante transparente; sin embargo el tratamiento la hizo ser muy vulnerable, ya que expresaba sus enojos ante situaciones que no podía entender. Esto la añadió mucho dolor emocional, ya que creo que no estamos preparados para enfrentarnos a estas situaciones, no hubo comprensión hacia ella departe de sus amigos, tampoco los padres supieron indicar a sus hijos sobre cómo actuar en estas ocasiones; (aunque me consta que tanto los padres como los hijos amaban a Rebeca); al principio todos se sintieron muy afectados y dolidos, pero los días pasaban y Rebeca no mejoraba, y es normal que necesitaban divertirse y hacer su vida, aunque Rebeca no pudiera acompañarlos.

Lo que ocurría es que cuando le contaban que habían estado en tal sitio, ella se enfadaba y decía: “aunque no pueda ir, me gustaría que me invitaran, por lo menos sé que cuentan conmigo”.

Todo esto lo digo sin rencor a nadie, El Señor sabe que amo a esos jóvenes y entiendo que estuvieran confundidos. Pero lo cuento por si puede ser de ayuda, El Señor permita que nunca ningún joven de una congregación se vea en una situación parecida, pero si lo hay, sería bueno que se les ayudara a aceptarlo y a comprender la situación, ya que si no es añadir más dolor al dolor.

Ella sabía todo lo que tenía, y aceptó su enfermedad como departe del Señor. Siempre quería saber los resultados de todo lo que la hacían tanto si era positivo, como negativo, ella solía decir "Yo quiero saberlo todo y si me quedan 10 días también yo estoy preparada, sé que voy con el Señor."

Pero mi esposo y yo esperábamos decirle algunas cosas cuando nosotros ya lo teníamos asimilado, para darle confianza.
Cuando le daban los ciclos de quimioterapia, se ponía muy enferma y yo la leía mi salmo preferido el 91, y ella aprendió a amarlo; también me decía que le gustaba cuando leía "ni peste tocará tu morada" "Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra mas a ti no llegará"; me decía: "mamá el cáncer es la peste del siglo XX ¿verdad?. Realmente puedo decir que no tiró la toalla en ningún momento.

Los médicos nos avisaron del peligro que tenían los ciclos de quimioterapia que la ponían, ya que podía quedar en coma. Pasamos todo el verano en el hospital, ella solía bromear diciendo que estaba veraneando en la Paz.

Recuerdo de una manera especial una vez que estaba recibiendo tratamiento, y sus plaquetas estaban muy bajas, fue uno de esos momentos difíciles que tuvimos que vivir; Mi esposo y yo nos salimos fuera de la habitación y en un rincón del hall nos pusimos a orar, y dijimos al Señor, "Señor, tu sabes cuanto te agradecemos que nos hayas dado a Rebeca, pero también somos conscientes de que es tuya, y Tu te la puedes llevar en cualquier momento, así que si es así tu voluntad, puedes hacerlo, Tu nos la diste, y a Ti te la entregamos". Nada mas terminar la oración vimos venir a la doctora que la estaba tratando, y nos llamó; entonces pensamos, Ya está, la niña, ya no sale de esta. Pero, qué equivocados estábamos, la doctora estaba contentísima, los resultados todos eran negativos, y seguramente que pronto podría salir la niña del hospital.

Así fue, y además a partir de este tiempo, los dos ciclos que le quedaban iban a ser más flojos.

Terminamos con todo esto y pasamos un tiempo muy bonito, ella iba mejorando cada día, y esto nos animaba a pensar que todo había pasado.

Pero por desgracia, en el mes de Abril de 1995 en una revisión, volvió a aparecer la metástasis pulmonar, entonces decidieron operarla, y así lo hicieron el 12 de Mayo.

La quitaron seis nódulos, y nos dijeron que todo había ido muy bien, y que disfrutara al máximo del verano, y en Septiembre la harían otra revisión.

Pasamos un verano delicioso, fue como un regalo del Señor, unos hermanos nos dejaron un apartamento en la playa, y pudimos ir toda la familia. ¡Cómo disfruto de todo! fue un recuerdo inolvidable.

Llegó Septiembre y le llamaron para hacerle las pruebas, y allí empezamos otra vez con nuestra lucha, los médicos no quisieron decirnos nada y esperaron hasta el 25 de Octubre, que teníamos consulta con ellos. Ese día la niña iba a la consulta con un catarro que le había comenzado unas semanas antes, tenía una tos muy seca, y se cansaba. En la consulta el médico la mandó ir con la enfermera a pesarse, y en ese tramo de cinco minutos nos dio la fatal noticia, "está muy mal, ya no podemos hacer nada por ella, Rebeca se muere".

No nos dio tiempo a reaccionar, Rebeca se presentó en la consulta con la enfermera. Cuando salimos de la consulta, Rebeca nos preguntó que qué pasaba, que algo nos había dicho el médico. No sabíamos qué decirle, le dijimos que habían visto algo en el scanner, pero que no estaban seguros.

A partir de este tiempo fue un no saber qué hacer, fuimos a más médicos, con sus pruebas, claro sin ella, y todos nos lo ponían cada vez peor, dos o tres meses como mucho, nos decían.

Fue un tiempo difícil, tratando de que ella no se diera cuenta de nada. Veníamos cantando a casa como siempre lo hacíamos, como si nada cambiara. Orábamos por ella, en la iglesia, en casa, había muchos hermanos orando por ella y por nosotros en todas partes, Dios es poderoso, decíamos, El puede cambiar todas las situaciones. Pero el tiempo pasaba, y nuestra hija cada vez estaba peor. Entonces nos acordamos de la oración del Señor Jesús en Getsemaní, tampoco el Señor quería beber de esa copa, y pidió al Padre: " Si es posible pase de mí esta copa, pero no mi voluntad sino la tuya". Y también nosotros aprendimos a pedir que se hiciese la voluntad de Dios, la verdad es que a partir de ese momento, comenzamos a tener paz, y el Señor nos fue preparando.

Me acordaba de la letra de una canción que pertenece a una obra de Navidad, en la cual el ángel cuando va a dar a María la noticia del nacimiento de Jesús, la dice: "Dios es tan sabio El no puede fallar, Dios es tan bueno no puede herrar, cuando no entiendas ¿por qué? cuando no veas su plan, en el día fatal, confía en El".

Mi esposo pidió al Señor un regalo muy especial y era que nos la permitiera tener durante las fiestas de Navidad. Y el Señor se lo concedió. Su empeoramiento fue muy grave a partir del día 7 de enero, Yo creo que ella sabía que se marchaba, pero nunca nos preguntó. Nunca hemos mentido a nuestros hijos, así que si nos hubiera preguntado estábamos decididos a decírselo, pero ella nos amaba y creo que pese a su edad, entendía nuestra confusión.

Se daba cuenta de que algo no funcionaba bien, el día 8 por la noche estuvimos toda la noche con ella, los ataques de tos eran continuos y no podía dormir, ya que se fatigaba mucho, en la mañana llamé al servicio de médicos que la atendían en casa, y recuerdo que ella les dijo: “Ponerme la medicina que haga falta, que yo no quiero ver sufrir a mis padres". Ella estaba muy consciente de todo hasta el último momento, el mismo día 10 estaba muy adormilada a causa de la medicina que la habían puesto y comenzó a hablar cosas que ella no podía controlar, una vez cuando la fui a acostar la siesta, se miró al espejo e hizo un gesto como diciendo ¡qué mal te veo!, pero ella se callaba, después dijo: "Oh señor, y esto como puede ser, ¿cómo lo voy a superar esta vez?" yo la pregunté qué decía, y ella me dijo:" Son cosas mías y además no puedo controlar el decirlas en voz alta, no te preocupes mamá.

Por la noche sobre las diez, ella quiso irse a la cama, y la gustaba que mi madre fuera con ella para rascarle la espalda, cuando mi madre estaba con ella empezó a notar que hacía cosas extrañas. Manolo que tenía la costumbre a petición de ella de orar por ella todas las noches, el también notó que algo pasaba y también se preocupó y entonces no sabíamos que hacer, así es que llamamos a Pedro, que afortunadamente estaba en casa y no tenía guardia esa noche, cuando le dijimos lo que pasaba, Pedro se vino enseguida a casa, y al verla, nos dijo que le quedaban horas, y que el mismo se ocuparía de ponerle la medicina.

Teníamos un miedo especial al momento de su partida, ya que se ponía nerviosa, y nos angustiaba verla así, pero gracias al Señor, yo le pregunté: "Rebeca ¿quieres que te lea el salmo 91? Ella me dijo, Si mamá, y cuando terminé de leérselo, se quedó dormida y sin conocimiento. Su padre y yo la teníamos agarrada de las manos, y su hermano y mi madre y sus abuelos estaban a su alrededor. Pedro nos dijo, le quedan minutos despediros de ella. Su hermano Samuel le dijo: "Rebeca dile al Señor que le amamos" todos la decíamos que la queríamos mucho y que había sido un privilegio tenerla en la familia, y así se la entregamos al Señor.

Rebeca se fue con su Salvador. Le aceptó en su corazón a la edad de diez años, en la escuela dominical, y fue bautizada el día 6 de Mayo de 1990.

El vacío que ha dejado es grande, y la echamos mucho de menos. A lo largo de este tiempo no ha pasado un solo día en que no pensemos y hablemos de ella; todo nos la recuerda. Sin embargo vamos aprendiendo a vivir el día a día y a caminar en la gracia de Dios, ya que Su misericordia siempre nos acompaña.

Para mí el tiempo después de su partida me ha resultado muy difícil de sobrellevar, ya que hay momentos en que la falta de recuerdos me angustia; me refiero a que a veces, se me olvida el tacto de su piel, cuando las madres besamos a nuestros hijos, o su voz, y lloro al no poderlo recordar; otras veces cuando peino la melena de mi hija Dámaris, recuerdo cuando peinaba la rubia melena de Rebeca, y los recuerdos también duelen, ¡Ojalá hubiera podido hacer algo para evitar tanto dolor!. Pero en todas estas sensaciones también me viene una paz que no puedo explicar, y que sé que viene departe del Señor. Entonces descanso en Él y digo como el salmista “Espera en Dios porque aún he de alabarle”

Dios nunca falla, y creo que sanó a Rebeca de la mejor manera que ni nosotros podemos imaginar, ya que ahora todo dolor se ha convertido en alegría, al ver el rostro de su Salvador. Tenemos la gran confianza de que un día la volveremos a ver.

Quisiera terminara con este poema que leí en un libro y que me consuela muchísimo, y también espero que consuele a alguien que esté en una situación parecida:



Queridos, en el cielo estoy en casa;

Todo es brillante, todo es feliz.

Gozo perfecto y hermosura hay

En esta eterna luz que brilla aquí.



Ya pasó el dolor y la tristeza,

Inquietud ya no hay más;

Ahora es tiempo de paz por siempre,

En el cielo por fin, con seguridad



¿Os preguntáis como pasé tranquilo

Por el valle de la sombra de la muerte?

El amor de Jesús iluminó el camino

Cada recoveco oscuro y nocivo.



Jesús a buscarme vino en persona

A ese camino tan difícil de pasar;

Y, apoyado de su tierno brazo,

¿Podía yo acaso temer o dudar?



Entonces, no debéis sentir tanta angustia,

Porque todavía os amo entrañablemente;

Mirad más allá de las sombras que asustan,

Y confiad en la voluntad del Padre completamente.



Todavía hay mucho que hacer,

Así que no debéis deteneros;

Trabajad mientras vida os quede

Que en la tierra de Jesús el descanso es eterno.



Y cuando esa obra hayáis completado,

Os llamará dulcemente al hogar;

OH, ¡qué éxtasis será encontrarnos!

OH ¡qué gozo al veros llegar!

-Anónimo.

Testimonio de Elisa

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar.”
(Mateo 11:28)

¡Hola! Me llamo Elisa. Tengo tres hijos: dos están aquí, en este mundo; y una preciosa niña, llamada Natalia, que está en el cielo. Hace unos cuantos años Natalia se levantó una mañana con los piececitos hinchados. La llevamos al médico y nos mandaron al hospital para hacerle algunas pruebas. Salió con el diagnóstico de “síndrome nefrítico”, y se quedó hospitalizada. Los médicos dijeron que no era nada grave: unos brotes como si fueran anginas, sin más importancia. La niña retenía líquido porque perdía proteínas a través de la orina. No sabemos por qué, pero en dos meses la niña murió.

Cuando tienes un golpe de estas características no hay nada en este mundo, tan lleno de tantas cosas, que pueda transmitir consuelo y paz en tu vida para poder seguir adelante. Fueron tiempos difíciles, y nada de lo que tenías te servía para poder consolarte. No entiendes nada y culpabilizas todo lo que tienes alrededor…Vives como si la vida ya no tuviera sentido. Pero el mundo no para, y sigue sus funciones como si nada hubiera ocurrido.
Un día vino alguien a casa ofreciendo su consuelo y su paz. Nos dijo que él, a pesar de su situación -que no era nada buena-, era feliz porque tenía un Dios que estaba cerca de él, dándole sosiego y ánimo para seguir adelante con gozo y empuje. Él quería transmitirme toda la ayuda que había recibido. Nos presentó a Jesús, que vino a este mundo, que se hizo hombre y sufrió penalidades; para que nosotros pudiésemos ser rescatados y salvados de nuestros pecados. Porque Él, Jesús, los cargó en la cruz por nosotros.

Cuando yo comprendí la invitación de Jesús que nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”; comenzó un proceso para que mi familia y yo misma pudiéramos comprenderlo y aceptarlo. Quiero decir que nuestras vidas cambiaron. Nos dio un nuevo empuje, un nuevo deseo de seguir adelante para poder llevar a otros lo que nosotros hemos encontrado; especialmente, a otros padres que están pasando por este calvario. A ellos decirles que, cuando tenemos una fe no puesta en algo que se ve; sino en un Dios Todopoderoso, un Dios cercano a nuestras necesidades, un Dios que nos ayuda a pasar acompañados y consolados a través del valle de lágrimas,…¡somos nuevas personas y tenemos paz, gozo y vida para poder compartir!

Le doy la gloria a Dios, y le pido que nos ayude a ser de ayuda a otros. ¡Ánimo! ¡Para Dios no hay nada imposible!

Elisa